domingo, 16 de noviembre de 2014

LA ERMITA DE SAN SEBASTIÁN

Imagen de San Sebastián
Tuvo nuestro pueblo dos ermitas, una en cada una de las 
entradas principales.

Se conserva la ermita del Humilladero, que ha crecido hasta ser Santuario donde veneramos a nuestro Patrón el Santísimo Cristo de la Expiración, y se ha perdido la que, en el otro extremo del pueblo veneraba a San Sebastián.

El culto a San Sebastián es uno de los más extendidos en toda la cristiandad occidental, y de una forma especial en la Ribera del Duero Castellana.

La razón de esta especial devoción es que se ha considerado a este mártir como especial protector contra la peste y otras enfermedades contagiosas.

El hecho de considerar la peste como una enfermedad que atacaba de forma caprichosa y fulminante, como si fuera una flecha, hizo que la gente invocase al Santo asaetado para que les protegiese de este tipo de males, y, en nuestro caso, al colocar su ermita en la entrada del pueblo se dotaba a todos sus habitantes de un valioso escudo protector contra epidemias que, en numerosas ocasiones asolaron estas tierras.

La primera mención que encontramos en los libros parroquiales de la ermita de San Sebastián es la misma que la referida a la ermita del Humilladero:

En la partida de defunción del párroco D. Pedro González, difunto el 8 de Octubre de 1591, dejó, junto al donativo para el Humilladero, un ducado para la obra de la ermita de San Sebastián.

No sabemos si se refiere a obras de construcción o reparación, aunque seguramente el origen primero del edificio tiene que ser muy cercano a esa fecha de 1591.

Unos años después, en 1612, el párroco D. Lázaro Navarro, declara la existencia de este recinto como una de las construcciones de culto existentes en la parroquia.

Declara este párroco que, tanto el Humilladero como la ermita de San Sebastián se construyeron con donativos de los devotos, donde acuden con sus procesiones.

Por las cuentas de Fábrica sabemos de una reparación que se realizó en el año 1640 con lo que ganaron cuatro cuadrillas de segadores trabajando seguramente alguna fiesta, y la Visita de 1706 señala que la ermita estaba tan indecente que prohíbe en ella todo culto divino hasta que “los vecinos, justicia y regimiento la aderezaran.

Según recoge D. Francisco Sanz de Frutos, esta ermita estaba
“entre la carra Segovia y camino antiguo de Coca y Santa María, punto oriente del pueblo, tocando en la unión de campos y el arroyo de su nombre que viene por la ronda meridional de esta Villa”.











                         LA DEVOCIÓN A SAN SEBASTIAN.

A tenor de lo que se desprende de los libros parroquiales, en nuestro pueblo, la devoción a San Sebastián ha estado muy unida a la de San Blas, otro santo protector contra enfermedades.

Reliquia de San Blas ¿y San Sebastián?
Así en el inventario de 1632, que es el segundo más antiguo que se conserva después del de 1611, se describe el cofre que aún se conserva en la iglesia con la reliquia de San Blas. En este inventario se afirma que las reliquias contenidas en el arquita pertenecen a San Sebastián y San Blas.

Existía también una cofradía que honraba a San Sebastián y que, casualmente celebraba su cabildo principal el día 3 de Febrero festividad de San Blas. Ese mismo día celebraban el oficio general
por los hermanos difuntos.

También sabemos que en el año 1770 el matrimonio formado por Thomas Abel y María Gómez, cofrades de San Sebastián, se comprometieron a vestir las dos imágenes a cambio de no ser oficiales, no pagar rodeo (cuota) y ser encomendados en los cabildos.

De esta cofradía tenemos noticias, además, por un libro de cuentas que va de los años 1734 a 1779 que es el último del que hay noticia de la existencia de esta institución.

Lo último que se recoge en estas cuentas es el nombramiento de oficiales para el año 1781 así como una lista o tabla de cofrades.

     

                 LA IMAGEN


Es difícil saber si la imagen que actualmente conservamos en la parroquia es la que se veneraba en su antigua ermita pues no aparece inventariada en las relaciones más antiguas.

Sin duda la razón de no aparecer en los primeros inventarios es que estos se refieren a los bienes custodiados en el templo parroquial y no los que estaban fuera y además estarían bajo la tutela de la correspondiente cofradía.

Sin embargo la imagen parece contemporánea de la de San Blas, y esta sí aparece inventariada en 1632.

Una vez desaparecida su ermita, la imagen de San Sebastián estuvo, en distintas épocas en la ermita del Santo Cristo y en otras etapas se la veneraba en el altar de Santa Águeda que es el actual de la Virgen del Pilar.

Ahora hace equilibrios encima del altar de la Virgen del Rosario…

Su barrio, que es el del Caño, celebró su fiesta durante muchos años y desde antiguo. Así en 1851 hizo fiesta el 15 de Febrero junto con el Barrio de San Roque, y en 1879 la celebró el 21 de Enero.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La ermita hace 200 años



            Si volviésemos la vista atrás 200 años, hasta 1814, veríamos con tristeza como la ermita del Santo Cristo de nuestro pueblo estaba casi totalmente arruinada.

            Años de desgracias y escasez en el país, y sobre todo la acción de los franceses provocó ese ruinoso estado.

            Incluso en las cuentas de 1815 se apunta un ingreso de 40 reales producto de la venta de maderas viejas procedentes de la “ruina de la ermita”.

            Desde Septiembre de 1803 había ejercido como mayordomo de la Devoción D. Juan Sedeño, y, a su muerte, siguió ejerciendo el cargo de administrar los bienes del Cristo su hija María Eugenia Sedeño.

            Se mantenían unas pocas reses lanares, propiedad de la ermita, pero estas también fueron mermando.

            A pesar de todo, en todos estos años (1803 a 1814) se celebró la función correspondiente al mes de Septiembre y se gastaban 10 reales en el refresco del día de la víspera.

            Sin embargo sólo consta que se celebrase en dos años la novena que se solía celebrar en primavera.

            Casualmente, la primera fue en 1808, año del levantamiento contra los franceses, y en ella se recogieron 600 reales de limosna y 11 fanegas de trigo.

            La segunda fue a principios de Junio de 1813 y la limosna de trigo de esta novena se juntó con el trigo, recogido el día de la función.

            En la colecta de la función de 1814 se hace mención expresa al trigo ofrecido por meter al Cristo en su ermita.

            Son años en que, a pesar de la escasez y penurias padecidas, se recogieron importantes limosnas de trigo que, por aquellos años llegó a tener un precio importante.

            Así, las 7 fanegas y 1 cuartillo recogido de limosna en 1811 se vendieron al año siguiente, (año de terribles hambrunas) a razón de 180 reales fanega, cuando en 1808 la fanega se había vendido a 26 reales.

            En el caso opuesto están los años 1803 y 1804. El primero se recogió sólo 2 fanegas de trigo que se repartieron a los pobres “en el siguiente miserable año en pan cocido por orden del cura párroco”.

            El cura párroco de todos eses años fue D. Casimiro Martín…

            Por aquellos años se habían empezado a realizar enterramientos en la ermita y sus aledaños, pues se empezaban a prohibir los enterramientos en la Iglesia parroquial y a sacar los cementerios del centro de los pueblos.

Así, en 1809, se gastaron 75 reales en cubrir y allanar varias sepulturas de la ermita.

            Sabemos que en Noviembre de 1810 fueron enterrados en la ermita del Cristo tres guerrilleros pertenecientes a la partida de Diego de la Fuente “Puchas” (Libro de difuntos de 1773-1813 folio 218 vuelto) (Nota del libro “Los acontecimientos de Coca…”

            En los años siguientes se dotaron también partidas para “reparo en el embaldosado de varias sepultura”.

          
  También de esos años proviene la costumbre, que se mantuvo durante mucho tiempo, de que ardiese una lámpara de aceite ante la imagen del Cristo de la Expiración desde el anochecer hasta el amanecer.

            La mayordoma María Eugenia Sedeño advierte que recibió el encargo de encender la lámpara por “desearlo así el pueblo”.

            Se fijó el gasto anual de aceite en arroba y media.

            Esta misma mayordoma presenta cuentas en Enero de 1816 en las que se da razón de lo gastado en la reconstrucción de la ermita. Obra que llevó a cabo el maestro Mateo González y que ascendió a 7320 reales, aunque muchos trabajos se hicieron de limosna.

            Los franceses estuvieron acantonados en el castillo de Coca durante la guerra de la Independencia, siendo nuestro pueblo zona de paso de convoys, ir y venir de correos y prisioneros, algunos muertos y enterrados en nuestro pueblo. Algunos militares franceses también fijaron su residencia en algunas casas del pueblo, incluida la rectoral.

            También algún vecino nuestro pereció en Coca por participar en una revuelta contra las tropas francesas.

martes, 29 de julio de 2014

EXPOSICION CON MOTIVO DEL 275 ANIVERSARIO DE LA IGLESIA

 
Con motivo del 275 aniversario de la bendición de la Iglesia Parroquial de Nava, la COFRADIA DEL SANTO CRISTO Y  LA VIRGEN ha organizado una muestra del patrimonio y objetos de culto que se conservan en la iglesia.

Del 9 al 17 de Agosto, en horario de mañana y tarde se podrá visitar esta muestra en la que se hace un repaso por la historia de nuestra parroquia a través de los objetos de culto, imagenes y altares que han llegado hasta nuestros días.



domingo, 22 de junio de 2014

PATRIMONIO PERDIDO



            En la memoria de todos están los obsequios con los que el Obispo Fray Sebastián benefició a nuestra parroquia y a todo el pueblo.

El “caño del obispo” o los candelabros de plata y la custodia que todavía se utilizan en los actos de culto de la parroquia son, sin duda los mejores ejemplos.

Hay otros elementos menos conocidos, muchos de ellos perdidos para siempre y alguno que quizás todavía se pueda recuperar…

Entre estos últimos está la RELIQUIA DE SAN PEDRO REGALADO.

Apenas queda recuerdo de este rico relicario que en el año 1693 donó Fray Sebastián. Cuatro años después del regalo del resto de la plata que fue en 1689.

No existe en el archivo parroquial documento que acredite esta donación ni la autenticidad de la reliquia del patrón de Valladolid. Sí existen numerosas referencias en los distintos inventarios y en las relaciones de joyas que se conservaban en las casas particulares de los parroquianos para evitar robos en el patrimonio.

El primer inventario en el que aparece mencionada esta joya es en el de 1697, pero, como siempre ocurre en el archivo parroquial, es la reseña del inventario de 1877 en el que la descripción que hace D. Francisco Sanz de Frutos es más completa y minuciosa:


 Una reliquia de San Pedro Regalado (difunto en 30 de Marzo de 1456, a los 66 de edad) inventariada en 1697 fol. 68  en estos términos: “Otra caja con su funda, donde esta reliquia de San Pedro Regalado, hecha en forma de pirámide, y guarnecida de plata y vidrieras cristalinas. La cual dio el Sr. Obispo de Osma” Pesa dos libras menos media onza. El pie y el árbol son como de cáliz, todo cincelado, y en la 2ª onda de las tres de aquel, hay un escudo episcopal, otro con las cinco llagas del Serafín de Asís, y otro con una cruz atravesada por dos brazos. En la onda inferior el rótulo de su ser y origen como en el número 127 precedente. Corónala un San Pedro Regalado, monje, predicando. Plata maciza y de cinco centímetros de alto. La caja piramidal es un triangulo con tres vidrieras (la una rota) que mide 13 centímetros alto – 10 idem ancho por la base y otros dos idem en su cúspide . La reliquia examinada primero por el Licdo. D. Gabino Herrero y Pascual (55) médico cirujano actual de esta Villa, y después por el Dor. D. Severo Muñoz y Sanz, médico cirujano de Sta. María de Nieva, resulta ser el hueso segundo metatarsiano del pie izquierdo, y mide seis centímetros y medio de longitud. Está engastado en dos cilindros de plata y casi íntegro.


Libro sobre la vida de S. Pedro Regalado

La explicación de cómo Fray Sebastián se pudo hacer con esta reliquia y por tanto de su autenticad la tenemos en el relato histórico que sobre la vida del santo franciscano (beatificado en 1683 y canonizado en 1746) hace D. Matias Sangrador Vitores en 1859.

Tras ser beatificado en 1683 se construye en La Aguilera (Burgos), perteneciente al obispado de Osma, una nueva capilla barroca donde se trasladan los restos del nuevo beato.

Esta capilla es bendecida el 14 de Mayo de 1692 y asiste a esa bendición nuestro paisano fray Sebastián de Arévalo y Torres (1619-1704) que fue obispo de Osma entre los años 1682 a 1704. Fray Sebastián era fraile franciscano como el propio San Pedro Regalado (1390-1456) y le acompañaron en los tres días de celebración los obispos  Fray Simón García Pedrejón (obispo de Oviedo de 1682 a 1696) y Fray Fernando de Guzmán y Portocarrero (Obispo de Segovia de 1688 a 1694). También franciscanos.

El Obispo de Oviedo tenía el cargo de “Guardián de la Aguilera” y costeó buena parte del nuevo sepulcro.

Previo al traslado de los restos del nuevo beato se hizo un inventario de los huesos encontrados. Consta, y está documentado, que Fray Sebastián regaló a Fray Simón García dos reliquias de San Pedro. Una de ellas es una paletilla o espaldilla que se conserva en la catedral de Oviedo y aparece mencionada en numerosos escritos.

No es, por tanto raro que el propio Fray Sebastián conservase otras reliquias y una de ellas la regalase, ricamente adornada, a la parroquia donde fue bautizado, en la que conservaba familia y numerosos amigos y con la que seguía manteniendo fuertes vínculos.

Sepulcro del Santo en La Aguilera (Burgos)
La reliquia de San Pedro Regalado era venerada en su fiesta los días 13 de Mayo de cada año, y durante muchos años se conservaba en la casa particular de algún parroquiano para evitar su expolio… Al final no fue posible.

Seguramente la celebración de la Virgen de Fátima el mismo día 13 de Mayo a partir de los años 50 hizo que se fuera perdiendo la devoción a San Pedro Regalado y el recuerdo de su reliquia. La imagen de la Virgen de Fátima fue adquirida en 1954.

En 1947, el párroco D. Tirso Rodao, afirma en su costumbrero que la reliquia se sigue venerando después de la misa del día de su fiesta, y la última mención que he encontrado de esta pieza es de un inventario del 30 de Septiembre de 1957.

Ojala algún día podamos recuperar esta reliquia, parte de nuestro patrimonio…

miércoles, 14 de mayo de 2014

San Isidro Labrador



San Isidro en su nueva peana de piedra

OH! SAN ISIDRO SANTO LABRADOR
A TI VENIMOS CON DEVOCION
DE NUESTRO CAMPOS ERES GUARDIAN
PROTEGELOS CON LLUVIA Y CALOR

A TUS PLANTAS GRAN SANTO VENIMOS
CONFIADOS CON FE Y CON AMOR…


            En realidad, esta invocación a San Isidro se cantaba en Miguelañez donde la devoción al Santo Labrador data de muy antiguo e incluso tenía una ermita dedicada a él de la que quedan las ruinas cerca de Domingo García.

            En Nava la devoción y culto a este Santo es mucho más reciente:

            La imagen que actualmente conservamos en la iglesia parroquial fue bendecida el 15 de Mayo de 1945 por el párroco D. Tirso Rodao. Había sido adquirida por la Asociación de Agricultores en los “Talleres de Arte Moderno” de Madrid.

            El año 1947 se constituyó la “Cofradía de San Isidro” siguiendo la instrucción recibida desde la Asesoría Eclesiástica de la “Delegación Provincial de Sindicatos”

            Tanta importancia se dio a esta nueva devoción local que la imagen de San Isidro fue colocada en la hornacina central del altar lateral derecho en el puesto que hasta la fecha ocupaba la desaparecida imagen del Niño Jesús  en su advocación del “Dulce Nombre de Jesús”.

            Antes de que los agricultores celebrasen la fiesta de San Isidro la devoción de los trabajadores del campo iba dirigida hacia el Santo Cristo de la Expiración.

            La tradicional novena y función que se celebraba en torno al día 25 de Abril, San Marcos,  en la que se sacaba en procesión al Cristo y se subastaban las andas como en Septiembre se aplicaba por la “prosperidad del campo”.

            También era la imagen del Patrono del pueblo la que se sacaba en las rogativas extraordinarias cuando se quería pedir la lluvia o una buena cosecha. En muchas ocasiones se organizaron novenas extraordinarias durante las cuales los labradores se organizaban por turnos para velar, de día y de noche, la imagen del Cristo que se solía llevar hasta la iglesia parroquial.

            Antes de esto en el siglo XVII se celebraban cuatro letanías en las que se bendecían los campos:

            La primera coincidía con la fiesta de San Marcos y la procesión del Cristo. Se bendecían los campos desde las tapias del cementerio anexo a la ermita.
           
            Las siguientes precedían a la fiesta de la Ascensión. La primera se hacía como la de San Marcos.

La siguiente se hacía  hasta la Cruz de Piedra y se bendecían con los Evangelios las viñas y los campos., y la última se hacía hasta el puente de la Carra Santiuste y también se bendecían los campos.

Confiemos que este año, San Isidro, esté a tiempo de echar una mano (de agua) a nuestros campos de modo que las cosechas sean mejores de lo que ahora pintan.